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60º Aniversario
PASO EL TIEMPO, PERO EL RUMBO
NO CAMBIO
Futbolistas
Argentinos Agremiados acaba de cumplir sesenta
años. Y entre aquel 2 de noviembre de 1944
y este 2 de noviembre de 2004, la diferencia es solamente
el paso del tiempo, porque si hay algo que caracteriza
a nuestro gremio es justamente la razón que
impulsó la creación de la entidad: la
defensa de los derechos de los futbolistas. Ayer y
hoy la tarea ha estado impulsada por ese objetivo
prioritario, que engloba muchas facetas, pero que
persigue un fin bien preciso, bien determinado, y
que demanda muchos esfuerzos.
Durante la década del ´30 y principios
de la del ´40 fue vital la movilización
y la naciente organización de los jugadores
de fútbol para luchar contra preconceptos y
contra poderes que les recortaban la posibilidad de
reclamar lo que merecían. El fútbol,
por entonces, ya había dejado de ser apenas
un juego heredado de “ingleses locos”
que lo instalaron sin imaginar que crecería
y se desparramaría por cada rincón de
la Argentina como una pasión irrefrenable.
El fútbol estaba metido en el corazón
del pueblo y las canchas quedaban chicas para ver
un espectáculo que sigue siendo único,
porque mezcla belleza, arte, plasticidad, exigencia
física, talento, picardía, sacrificio,
inteligencia y solidaridad. Todo eso despertaba emociones,
atraía a multitudes y tenía un eje central:
el futbolista. Pero al actor principal de la “película”
lo exprimían sin pedirle opinión y recibía
una minúscula porción de lo que generaba,
o directamente no recibía nada.
Los del ´30 iniciaron la pelea para conseguir
respeto y consideración. Y los del ´40
la impulsaron ya con armas distintas, sin temer a
represalias de ninguna clase. Es que, en el vínculo
entre un futbolista y su club había cláusulas
increíbles. Citamos una para que quede claro:
“Todo contrato se considerará
automáticamente prorrogado por un año
más si, con una anticipación no menor
de un mes a su vencimiento, el club comunica al jugador
y a la Asociación que hace uso de ese derecho.
En estos casos, el club quedará obligado a
pagar al jugador los mismos sueldos, premios y primas
que estipula el contrato prorrogado. En esas condiciones,
un contrato podrá ser prorrogado hasta cinco
años consecutivos”. Estaba escrito
y nadie tenía derecho a discutir porque no
existía un respaldo.
“Cualquier mequetrefe, por el hecho de ser vocal
de la Comisión Directiva, se siente con derecho
a manosear a los jugadores, a someterlos a desprecios,
a hacerlos objetos de desconsideraciones. Los jugadores,
que vienen del pueblo, llevaron sus quejas al pueblo,
por eso los hinchas son declarados enemigos del presuntuoso
dirigente criollo. Mientras aquí no existen
atenciones y delicadezas, no es un secreto para nadie
que en Chile, Brasil y México son objeto de
toda clase de consideraciones. Esa es otra de las
desventajas que presenta nuestro fútbol, y
a ese inconveniente habrá que buscarle remedio.
Los dirigentes fueron quienes tejieron la rara maraña
que se conoce con el nombre de reglamento”,
escribió una revista de la época (“Campeón”)
cuando el descontento ya era una realidad.
De ese estado de cosas a la creación de Futbolistas
Argentinos Agremiados hubo apenas un paso:
el que se dio el 2 de noviembre de 1944 en los salones
del diario “Crítica”. Desde entonces,
nada fue fácil. Primero hubo que prestarle
especial atención a la “revancha”
de quienes ya no tenían la sartén por
el mango. Más tarde, la tarea pasó por
fijar las pautas de la relación en normas claras
y justas, y hacerle comprender a la sociedad que el
futbolista era un trabajador. Privilegiado, tal vez,
porque hacía lo que le gustaba, pero con derechos
y deberes a respetar. Y una vez que esos capítulos
se cerraron –no sin antes luchar con firmeza
y decisión para eludir las trabas que surgían-
aparecieron en escena otros durante estos sesenta
años. Siempre se afrontó cada problema
con seriedad, con la participación del afiliado
y con puertas abiertas para todos aquellos que aportaran
su pensamiento. El crecimiento del gremio se dio naturalmente
por lo que decíamos al comienzo: la convicción
de defender los derechos de los futbolistas. Entonces,
entre aquel punto de partida y el presente hay una
meta muy precisa que une los caminos. Y un hilo conductor
que no se corta así nomás porque tiene
la fuerza de la razón. |