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Editoriales, Notas y Entrevistas
Eber no falto a la cita
El
también se llevó aplausos, porque estuvo
presente en la jornada de fútbol a beneficio
del pueblo santafesino y porque le puso una cuota
de humor a la tarde. Con sus botines Sacachispas listos
para apuntar a los tobillos de los delanteros (el
Beto Acosta y Andrés D`Alessandro soportaron
su pegajosa marca) y el infaltable número 4
en la espalda, Eber Ludueña se dio el gusto
de integrar uno de los equipos, junto a las estrellas
del fútbol argentino. ¿Cómo vivió
esta experiencia? El propio Eber lo cuenta en este
espacio que le reservamos especialmente...
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Siempre
soy materia dispuesta para participar en partidos
a beneficio. Uno se encuentra con amigos. Suelen
invitar con alguna gaseosa fresca. Y es muy gratificante
sentirse parte de un grupo de gente que se ha
reunido con el noble objetivo de intentar ayudar
a alguien. Lo único que me molesta de los
partidos a beneficio es que se juegan a media
máquina. Nunca hay expulsiones, ni lesionados.
Nunca hay discusiones. Ni roces. Pero igual están
buenos. Suele haber mejor humor que cuando se
juega por los puntos o por el asado. Mucho mejor
humor, definitivamente.
En
lo estrictamente deportivo quiero aclarar algunas
cuestiones. Primero, el hecho de que apenas
ingresé, mi equipo empató. Esto
viene a confirmar eso de que sigo siendo "un
inflador anímico" para cualquier
equipo. Lo del Beto Acosta es otro tema. Le
salí un poco fuerte en la primera pelota
que disputamos porque me molestó que
use la camiseta número cuatro. Todos
sabemos que nunca fue marcador de punta y que
un goleador de sus kilates se disfrace de lateral,
debe ser interpretado como una ofensa para nuestro
gremio.
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Lo de D´Alessandro fue diferente. Le hice marcación
personal, con seguimiento constante en concurso real
con persecución física de persona, por
sus antecedentes. Sé lo desequilibrante que
es y decidí extremar las medidas para proteger
a mi equipo.
Lo
de Gallego merece un capítulo aparte. Tenía
dudas en la previa, y al verme pálido, ojeroso,
con algo de sobrepeso, fumando y habiéndome
acostado a las 4 de la mañana, sus dudas se
intensificaron.
Los
penales los dejo para el final. Me mató el
miedo escénico. Mucha gente para lo que estoy
acostumbrado. Mucha presión. Tres cámaras
que me miraban sólo a mí. Encima, tuve
que patearlo dos veces. Esto presupone el doble de
esfuerzo físico. Un arbitraje, una vez más,
volvía a jugarme en contra. Y los erré.
Y mi equipo perdió. Por suerte, Marchi supo
encontrar la frase que me sirvió de consuelo:
"Erró Zico, erró, Platini, erró
Maradona... ¿No va a errar Eber Ludueña?."
Gracias,
muchachos. Gracias a todos, por permitirme reencontrarme
con la magia. Hasta la próxima.
Eber
Ludueña (4)
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