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Editoriales, Notas y Entrevistas
Cuando el fútbol se termina,
la vida continua
Aquel
que se dedica al fútbol como actividad profesional
sabe que llegar cuesta mucho, que mantenerse requiere
de un esfuerzo aún mayor y que, entre miles
y miles de pibes que sueñan con la posibilidad
de concretar su sueño, muy pocos lo consiguen.
Es, entonces, un privilegio, porque no todos pueden
hacer lo que les gusta y, menos, vivir de la profesión
elegida. Así, el futbolista se aferra a su
pasión, la disfruta, la lleva en la piel, a
veces sin detenerse a pensar que en algún momento,
inexorablemente, eso se termina cuando queda mucho
camino por recorrer en la vida.
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Primero,
por todas las causas mencionadas, no es fácil
adoptar la determinación de "colgar
los botines". Muchos aseguran que "voy
a seguir mientras conserve las ganas de ir a un
entrenamiento", pero no resulta simple establecer
el momento exacto para tomar la decisión
menos deseada. Y de un día para el otro
llegan desafíos muy distintos. Ya no hay
un rival enfrente, ni se escucha el mágico
sonido de la pelota de fútbol, ni aparece
el rumor de tribunas pobladas como música
de fondo. Todo eso, más el "olor"
único del vestuario, el inevitable cosquilleo
previo a un partido, la desazón por la
derrota, la alegría por la victoria y lo
que se comparte con los compañeros al cabo
de los años, es lo que se extraña
realmente a la hora del adiós. Eso, no
el dinero que se percibe, como algunos podrían
pensar. |
En
el fútbol, se sabe, apenas unos pocos pueden
darse ciertos lujos, y ni siquiera ese selecto grupo
es capaz de olvidar lo que experimentó dentro
de una cancha, aunque tenga el suficiente respaldo
como para vivir holgadamente.
Mientras el futbolista se encuentra
en la plenitud de su carrera, las obligaciones que
demanda un deporte tan profesional como el de la actualidad
le ofrecen poco espacio para dedicarse a otros asuntos.
Tiene que entrenarse a fondo, descansar bien, alimentarse
adecuadamente, cuidar hasta el mínimo detalle,
pues la exigencia es grande y no es posible dar ventajas
de ninguna clase. Pero para que el choque que se produce
cuando hay que abandonar el fútbol no sea tan
marcado, es bueno prepararse y fabricarse algunas
horas apuntando al futuro. Por eso, si bien nuestra
tarea está dirigida a los jugadores profesionales
en actividad, también hemos abierto espacios,
a través de la Fundación El Futbolista,
que ofrecen salidas. Los planes de estudios y cursos,
algunos de los cuales incluso abarcan a quienes momentáneamente
no tienen relación de dependencia con clubes,
son alternativas interesantes, herramientas a disposición
de quienes quieran tomarlas como un punto de partida.
Nadie que haya gozado y sufrido dentro de un campo
de juego dejará de ser futbolista. Como mínimo,
seguirá siéndolo mentalmente o cobijado
por los recuerdos. Pero el tiempo dice que alguna
vez esto se acaba y que empieza una nueva vida, relacionada
o no con el ambiente que uno más conoce. La
mejor receta es afrontar ese momento con armas que
ayuden a ganar en otros terrenos, ya sin un técnico
que evalúe el rendimiento, quizás sin
público que apruebe o rechace y sin el juguete
elegido desde los primeros pasos para expresar lo
que se lleva en el alma, en el corazón, en
el cerebro y en los pies: la pelota.
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