El corazón del futbolista
Dr. Roberto Peidró
El
corazón es uno de los órganos más
utilizados en el lenguaje del hincha para pedir del
futbolista pasión, amor a la camiseta y entrega.
Distinta es la acepción cuando el habitante de
la tribuna alude a los testículos, órganos
masculinos relacionados con la producción de
testosterona, hormona que, aparte de los atributos sexuales,
genera una dosis de agresividad propia del macho de
la especie.
El
corazón estuvo siempre relacionado con las percepciones
de bienestar y aflicción, de amor y de odio,
de alegrías y angustias. Las emociones de cualquier
tipo se reflejan en sensaciones en el pecho que se asocian
al lenguaje del corazón. A lo largo de la historia
se lo describió como "la vivienda del alma".
Todo
esto tiene su razón de ser. Este noble órgano
muscular alojado en la cavidad torácica, que
trabaja en forma permanente durante cada minuto de la
vida, responde a estímulos de diferentes tipos
aumentando o disminuyendo su cantidad de latidos, su
fuerza de contracción y hasta su tamaño.
El sistema nervioso tiene mucha relación con
las respuestas cardíacas.
La
preparación para la lucha o la huída es
responsabilidad de la estimulación simpática
del sistema nervioso autónomo y de las hormonas
de la médula suprarrenal (adrenalina). Ante una
situación de estrés, como puede ocurrir
ante el comienzo de un partido de fútbol o aún
en las horas previas,
el organismo se va preparando. El corazón se
acelera y su gasto energético es mayor. En muchos
casos este proceso juega en contra del jugador, ya que
la respuesta puede ser exagerada a la situación
(estrés negativo). Esto puede provocar palpitaciones,
sequedad de boca, dolores abdominales, rigidez muscular
y hasta falta de coordinación fina de los movimientos.
En la
mayoría de los casos los síntomas van
desapareciendo a medida que se está jugando el
partido ("después de la primera pelota").
Una vez comenzado el ejercicio la frecuencia cardíaca
aumenta aún más, la cantidad de sangre
expulsada del corazón en cada latido es mayor,
la fuerza de contracción se incrementa y aumenta
la presión arterial. Todo esto permite que llegue
más sangre a los músculos y, de esta manera,
haya más energía y más oxígeno
para el trabajo muscular.
Este
proceso, y el entrenamiento diario, sistemático
y de alta intensidad, generan una sobrecarga continua
que provoca modificaciones en el corazón del
deportista. Los cambios se manifiestan en el examen
clínico, en el electrocardiograma y en otros
estudios cardiológicos que en ocasiones se realizan.
El corazón del deportista suele ser más
grande. En términos médicos, se encuentra
una hipertrofia del corazón, por lo general excéntrica,
con un aumento de la masa del músculo cardíaco.
Este agrandamiento cardíaco es fisiológico
por el deporte (normal) y el funcionamiento del corazón
también es normal.
En el electrocardiograma se observan modificaciones
con respecto a personas sedentarias de la misma edad.
También es más frecuente la presencia
de soplos fisiológicos en la evaluación
del deportista. El médico del deporte debe conocer
estas modificaciones normales del corazón
del atleta, para no crear falsas preocupaciones al realizar
un examen cardiovascular.
De cualquier modo, en ocasiones, la diferencia entre
lo normal y lo patológico no es tan clara. Es
necesario recurrir a estudios más sofisticados
para confirmar que se trata de cambios normales en el
deportista. Más aún, después de
un ejercicio intenso se elevan ciertas sustancias en
la sangre (enzimas) que pueden llegar a confundir con
los aumentos que se producen en una persona con infarto
de miocardio. Hemos publicado hace unos años
(1993) en la Revista Argentina de Cardiología
los casos de cuatro deportistas que fueron internados
por sospecha de un infarto debido al electrocardiograma
y la elevación de enzimas en sangre. En esta
publicación llamamos la atención sobre
la posibilidad de un diagnóstico erróneo
de infarto de miocardio (o enfermedad coronaria) en
deportistas de alto nivel.
Si bien el deportista de alto rendimiento está
considerado dentro de la comunidad como el paradigma
de la salud cardiovascular, es necesario considerar
la importancia de una correcta evaluación periódica.
La detección de algún trastorno puede
significar una correcta prevención para evitar
males mayores.
Lamentablemente, existen ejemplos conocidos de problemas
cardíacos durante o después de la práctica
deportiva. La muerte súbita del deportista es
un evento sumamente raro. En atletas jóvenes
masculinos han sido descriptas frecuencias de 7 episodios
por cada millón de deportistas por año.
En muchos de estos casos se detectaron enfermedades
que habrían impedido la práctica deportiva
si se hubieran diagnosticado en vida. En otros, un correcto
tratamiento hubiera evitado tan trágico desenlace.
No es la intención de este escrito crear temores.
Todo lo contrario: el ejercicio físico protege
al corazón contra muchas enfermedades. Los casos
de "accidentes" cardíacos son extremadamente
raros. Sólo se intenta llamar la atención
sobre correctas evaluaciones tendientes a preservar
la salud y, además, mejorar los rendimientos
individuales.
El rol del médico
El médico del deporte cumple un papel muy importante
en el ámbito del equipo técnico del plantel.
Tiene una función fundamental que surge de su
propia profesión: preservar la salud del futbolista.
En este sentido la prevención de enfermedades
y lesiones es la meta principal. El tratamiento de
eventuales patologías está a su cargo
y debe contar con la colaboración de un equipo
multidisciplinario para cumplir sus objetivos.
También está involucrado en los procesos
relacionados con la mejoría de la aptitud psicofísica
y el mejor rendimiento del futbolista. El trabajo mancomunado
con el cuerpo técnico permite obtener del deportista
su mayor rendimiento, encuadrado en el marco de una
vida sana en los aspectos
físicos, psíquicos y sociales. El preparador
físico debe obtener del médico la colaboración
suficiente para lograr la individualización de
los entrenamientos, a partir de un conocimiento adecuado
de las capacidades y carencias de cada deportista.
En ocasiones es necesario tener en cuenta la posibilidad
de caídas en el rendimiento por factores relacionados
con trastornos clínicos o por el síndrome
de sobreentrenamiento. No todos los deportistas son
iguales y, ante una misma exigencia, los distintos organismos
pueden responder de maneras diferentes. El entrenador
y el médico tienen los elementos necesarios para
detectar este proceso, que puede corregirse a partir
de un correcto diagnóstico.
Atrás ha quedado el concepto del médico
del plantel dedicado sólo a "curar"
lesiones. No escapa al conocimiento de todos los responsables
de planteles futbolísticos la importancia de
un físico sano y preparado para soportar entrenamientos
vigorosos y tensiones que, en muchos casos, son permanentes
y agobiantes. El equipo médico tiene la responsabilidad
de "cuidar al hombre futbolista", ofreciendo
todas las herramientas para obtener la mejor "perfomance"
con el mínimo de lesiones y trastornos psicofísicos.
El o los médicos del plantel deben ser los verdaderos
"médicos de cabecera" del futbolista,
los profesionales en quien el deportista pueda confiar
sus diferentes problemas y el cuerpo técnico
lograr el apoyo necesario para "utilizar"
en todo su potencial a sus jugadores. Para conseguir
estos propósitos es necesario que el propio médico,
el cuerpo técnico y los dirigentes estén
convencidos que la medicina sin trabajo en equipo tiene
pocas posibilidades de desarrollarse. Un club de fútbol
(y de cualquier otro deporte) debe contar con equipos
de salud multidisciplinarios. Más aún
en el contexto del alto rendimiento. No es posible que
recaiga en un solo médico la enorme responsabilidad
de preservar la salud y preparar a grupos numerosos
de futbolistas. El convencimiento
acerca de la importancia de contar con un cuerpo médico
que incluya a especialistas en diferentes disciplinas,
dirigidos por un responsable médico encargado
de la coordinación general, servirá como
base para lograr los objetivos.
No escapa a la simple observación que, en el
contexto económico actual, puede sonar utópico
una propuesta semejante. Los costos serían el
primer impedimento real para alcanzar las metas. Sin
embargo, la gran mayoría de las veces, el acceso
a una medicina deportiva de este tipo no tiene una
barrera real en los aspectos económicos, sino
más bien en problemas de tipo organizativo y
de formación profesional. El primer paso es tener
en cuenta proyectos amplios de desarrollo y tener en
mente que los buenos resultados vienen a partir de arduos
trabajos. Si hay una certeza sobre cuál es el
camino correcto, las piedras de ese camino podrán
retirarse con un mayor convencimiento.
Los
médicos estamos convencidos de que el trabajo
de todos, en conjunto y dirigido a un objetivo común,
es la herramienta esencial para que nuestros queridos
futbolistas sigan poniendo todo su corazón en
cada camiseta que luzcan.
Dr. Roberto M. Peidró
Médico Cardiólogo
Médico Especialista en Medicina del Deporte
Profesor Adjunto de Medicina
Universidad Favaloro
Jefe División Prevención y Rehabilitación
Cardiovascular Fundación Favaloro
Médico Cardiólogo del IMDYR
Director del Comité de Cardiología
del Deporte de la Sociedad Argentina de Cardiología
ENTRE
EL FUTBOL Y LA MEDICINA
El doctor Roberto Peidró trabaja desde
1992 en la Fundación Favaloro, donde actualmente
es el Jefe del Departamento de Prevención
y Rehabilitación Cardiovascular. También
integró el cuerpo médico del seleccionado
argentino en el Mundial de Estados Unidos ´94,
pero antes fue futbolista profesional. Y ese "antes"
tiene una historia que el propio Peidró cuenta...
-"Me
inicié en las divisiones inferiores de Independiente
y allí tuve la oportunidad de jugar un partido
en Primera. Fue contra Gimnasia y empatamos dos a dos.
Después pasé por El Porvenir, Deportivo
Morón y Español. Me había recibido
en 1973 y dejé en 1985, así que pasé
varios años en una doble
actividad como arquero y como médico, juntando
dos facetas que siempre me apasionaron".
Arquero
y médico. Y alguna vez tuvo que "ejercer"
ambas funciones: "Después de un partido
entre Morón y Banfield, cuando íbamos
hacia el vestuario nos avisaron que una persona había
sufrido un ataque cardíaco en la tribuna. Así,
como estaba, corrí para acompañar al doctor
Adolfo Fort y atendimos al hincha. No fue la única
vez que pasó algo similar, pero es un episodio
que
recuerdo bien".
Nota
de octubre de 2002.
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