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La pelota rueda de aquí para allá. Se crean torneos,
se inventan propuestas. Algunos, los menos, se abrazan
con la gloria, mientras que otros, los más, sufren
y se ilusionan con lo que vendrá. El fútbol vive en
cada rincón del planeta, mueve millones de billetes,
pero las entidades se funden, quiebran y no todos
los futbolistas llenan sus bolsillos. No, la mayoría
no encuentra su lugar en el mundo y sufre por uno
de los flagelos que más golpea hoy en el planeta:
la desocupación. Sí, en el multimillonario juego de
la pelota hay hombres que no tienen club ni certezas
ni dinero para subsistir. Pero conservan la esperanza
de no dejar de ser...
Los desocupados del fútbol transpiran ilusiones allá
por Vicente López, en el complejo de Teléfonos, en
Madero al 1600. De lunes a viernes, de 9.30 a 12,
custodiados por dos técnicos que dejaron su huella
en las canchas: Carlos Carrió, el mismo que lució
su talento en Gimnasia y Esgrima La Plata y en otras
fronteras, y Carlos Barisio, el arquero del récord
de 1075 minutos sin recibir goles.
La idea nació en las oficinas de Futbolistas Argentinos
Agremiados (FAA), allá en San Telmo, hace cinco años.
Creció como un servicio a los afiliados, que corrían
sin destino por los bosques de Palermo.
El tiempo es otro. Ahora, los jugadores libres -así
se llaman los desocupados del fútbol- deben presentarse
en FAA con una fotocopia de la constancia de la libertad
de acción, obtenida en la AFA o en su último club,
y una foto 4x4. Con el par de requisitos en mano,
los futbolistas consiguen un carnet que los habilita
para practicar.
"La responsabilidad es de ellos; nosotros les damos
apenas unas pautas. Lo más complicado no es la parte
física ni táctica; hay que apuntar a la cuestión psicológica,
que es la más vulnerable", advierte Barisio, sentado
a la derecha de Carrió y del grupo de jugadores libres,
en la confitería de un polideportivo del barrio de
Saavedra.
Agremiados les provee de viáticos, pero algunos chicos
ni siquiera cuentan con monedas para el colectivo.
"Hay un pibe que viene todos los días en bicicleta,
que no sé si es de él o se la prestaron. Trabaja como
loco, se entrena bárbaro..., ¿cómo es que se llama?",
se pregunta Manuel Serrano, el eterno arquero, de
36 años, que tuvo su época dorada en Platense.
"Esto es algo muy difícil de sobrellevar. No es fácil
matarse en las prácticas y volver a tu casa con las
manos vacías a esperar un llamado por teléfono, un
golpe de suerte", dice Carrió.
El combinado de jugadores libres, que cuenta con pocos
apellidos famosos -Serrano, Anconetani, Víctor Hugo
Delgado, Lorenzón, entre otros- y muchos sin un lugar
en el mundo del fútbol, despunta su vicio en amistosos
ante Independiente, San Lorenzo, Huracán o el equipo
del DT que abra sus puertas a un partido. Se presentan
con el cartel de Combinado de los Libres y se juegan
la vida en cada cruce, en cada intervención. "Es una
vidriera para nada despreciable", señala Carrió, que
colgó los botines en Belgrano, a los 36 años.
Por sus filas transpiraron Javier Sodero, Oscar Acosta,
Luis Bonnett y Diego Graieb, entre otros. De los 300
jóvenes que pasaron por el grupo, casi el 50% consiguió
un club.
La página oficial de las FAA -Agremiados.com.ar- le
tiende una mano a los jugadores que están, si se permite,
fuera del sistema. Allí, entre otras curiosidades,
figura la lista de apellidos con sus datos completos
-incluso, los teléfonos particulares- y una página
exclusiva para completar para los nuevos desocupados.
Edad, puesto, último equipo, dirección de e mail...
"Todo suma, pero no sirven los tipos que vienen a
divertirse, porque molestan a los que buscan su futuro.
Los que no entienden cómo es la historia, se van solos",
confiesa Barisio, que se retiró en Chacarita, a los
38 años, y en pocas semanas cumplirá dos décadas de
aquel recordado récord con la camiseta de Ferro.
"¿Si me conoce alguien?, No, el único que me paró
en los últimos días fue un policía, porque estacioné
mal el auto", bromea Barisio. El equipo vuelve a las
prácticas el viernes próximo en el mismo escenario
de Vicente López. Al ritmo de los planteles de primera.
Con la esperanza de volver a pertenecer...
Artículo publicado en el Diario La
Nación.
Lunes 8 de enero de 2001.
Por Ariel Ruya y Diego Morini
De la Redacción de La Nación
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