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Notas y Entrevistas

Practicar para torcer el destino
En los entrenamientos, los futbolistas libres encuentran un desahogo; igual, algunos pensaron en dejar todo.

Gabriel Guzmán, Manuel Serrano, Albano Anconetani y Diego Missi encarnan las historias de muchos futbolistas libres a la espera de volver a jugar. Foto: Carlos Crusoe.   


El destino, o vaya a saber qué razón, los puso en un lugar en el que nunca hubiesen querido estar. Un poco de mala fortuna, de confusos manejos, de malos entendidos y, en su gran mayoría, falta de recursos económicos de los clubes para mantener planteles numerosos son los motivos principales que llevaron a estos futbolistas a tener que seguir con sus entrenamientos, pero no en una institución, sino que en el equipo de jugadores libres.

Manuel Serrano y Albano Anconetani (arqueros), Gabriel Guzmán (delantero) y Diego Missi (defensor) son sólo cuatro de los 30 jugadores que se entrenan todos los días a la espera de un llamado que cambie sus vidas y les permita hacer algo tan simple como necesario: seguir trabajando.

A esta altura ya se lo toman con total normalidad, pero no pueden esconder la mezcla de fastidio y dolor que les provoca estar sin trabajo. Hablan y repiten una y otra vez que, más allá de lo desagradable de la situación, siempre se aprenden cosas de los malos momentos.

Guzmán, de 26 años, cuenta que tras haber quedado libre desde hace 40 días por un arreglo en común con los dirigentes de Deportivo Táchira, de Venezuela, todo siempre se complica. "Yo trabajo desde que tengo 8 años, porque el fútbol es un trabajo. Esto es muy difícil y hay que sacrificar muchas cosas para poder tener continuidad en este deporte. Quemás etapas muy rápido, te perdés muchas cosas que hacen los chicos a los 17 o 18 años. Por eso me da mucha bronca cuando pienso que no puedo hacer lo único que sé: jugar al fútbol. No poder estar dentro de una cancha es muy duro para nosotros", confiesa.

"Yo estoy esperando poder encontrar algún club para poder jugar. No sé cuánto tiempo más me voy a bancar esta situación. Creo que el único plazo es el bolsillo. Lo importante es que uno tiene gente que lo aconseja bien y gracias a eso pude juntar algo de plata y ahora tirar. Y a decir verdad, yo tengo la ventaja de no tener que mantener una familia; si no, no sé qué iba a hacer. Porque los ahorros, llega un momento en que se te acaban", señala Missi, de 24 años, que desde julio último está sin jugar, ya que quedó libre de Sport Salto, de Santa Rosa, La Pampa.

En todos los casos coinciden. Anconetani también sabe que el tiempo que esté inactivo es el que definirá su futuro.

"Yo cuento con la suerte de que estoy viviendo con mis viejos y que no tengo la obligación de tener que mantener una familia como el caso de Gabriel (por Guzmán). Para que la cabeza no me camine a mil, algo que es muy difícil, reparto mi tiempo estudiando -está haciendo el profesorado de educación física-. Pero de todas maneras te digo que nos entrenamos a muerte y que es probable que encontrarnos en esta situación a uno lo lleve a estar mejor físicamente. De todas maneras, aunque a uno le cueste decirlo, es cierto que algunas veces uno se pregunte: ¿hasta cuándo? Se te pasa rápido, pero pensás en dejar", sostiene Anconetani.

Para estos futbolistas, jugar se convirtió en una necesidad. En estos tiempos en los que muy pocos se dan el lujo de elegir dónde jugar, para este grupo de futbolistas libres ya no importa dónde hacerlo, sino simplemente hacerlo.

Y para ellos, que deben pasar por situaciones que no son las ideales para un deportista, el sacrifico queda de lado cuando de jugar al fútbol se trata.

"Cuando estuve jugando en La Pampa teníamos que actuar en pleno verano en lugares como el Chaco, donde los hoteles en los que parábamos no tenían aire acondicionado. Claro que previamente nos teníamos que bancar entre 21 y 23 horas de viaje en ómnibus. Te podrás imaginar que jugar después de todo esto te mata", comenta Missi, que también estuvo en Inter de Tijuana (México) y Galaxi, de los Estados Unidos.

La historia de Manuel Serrano, de 36 años, es más conocida. Atajó en cada rincón de nuestro país y en el exterior; se destacó en Platense y dejó su huella en Cultural Argentino, de La Pampa, del torneo Argentino, su último club. "¿Si tengo problemas económicos? No, si estoy en el mejor momento...", se ríe Serrano, que no abandona el buen humor.

"Yo sigo jugando porque tengo muchas ganas de entrenarme. Igual, estoy haciendo el curso de técnico. Acá, con Barisio y Carrió, me entreno y les doy una mano, porque soy el más viejo. ¿Qué pasa si no sale un club en las próximas semanas? Y... me retiro. Aunque, en realidad, ya lo dije varias veces. ¿No?", se preguntó y reflexionó el arquero. Estas son algunas de las tantas historias de jugadores que se quedaron sin trabajo y están en la espera de un llamado que les dé la posibilidad de mostrar lo que valen. Duro, pero real: el deporte que mueve millones no puede gambetear la aguda crisis que atraviesan los equipos.

Artículo publicado en el Diario La Nación.
Lunes 8 de enero de 2001.
Por Ariel Ruya y Diego Morini
De la Redacción de La Nación





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