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El destino, o vaya a saber qué razón, los puso en
un lugar en el que nunca hubiesen querido estar. Un
poco de mala fortuna, de confusos manejos, de malos
entendidos y, en su gran mayoría, falta de recursos
económicos de los clubes para mantener planteles numerosos
son los motivos principales que llevaron a estos futbolistas
a tener que seguir con sus entrenamientos, pero no
en una institución, sino que en el equipo de jugadores
libres.
Manuel Serrano y Albano Anconetani (arqueros), Gabriel
Guzmán (delantero) y Diego Missi (defensor) son sólo
cuatro de los 30 jugadores que se entrenan todos los
días a la espera de un llamado que cambie sus vidas
y les permita hacer algo tan simple como necesario:
seguir trabajando.
A esta altura ya se lo toman con total normalidad,
pero no pueden esconder la mezcla de fastidio y dolor
que les provoca estar sin trabajo. Hablan y repiten
una y otra vez que, más allá de lo desagradable de
la situación, siempre se aprenden cosas de los malos
momentos.
Guzmán, de 26 años, cuenta que tras haber quedado
libre desde hace 40 días por un arreglo en común con
los dirigentes de Deportivo Táchira, de Venezuela,
todo siempre se complica. "Yo trabajo desde que tengo
8 años, porque el fútbol es un trabajo. Esto es muy
difícil y hay que sacrificar muchas cosas para poder
tener continuidad en este deporte. Quemás etapas muy
rápido, te perdés muchas cosas que hacen los chicos
a los 17 o 18 años. Por eso me da mucha bronca cuando
pienso que no puedo hacer lo único que sé: jugar al
fútbol. No poder estar dentro de una cancha es muy
duro para nosotros", confiesa.
"Yo estoy esperando poder encontrar algún club para
poder jugar. No sé cuánto tiempo más me voy a bancar
esta situación. Creo que el único plazo es el bolsillo.
Lo importante es que uno tiene gente que lo aconseja
bien y gracias a eso pude juntar algo de plata y ahora
tirar. Y a decir verdad, yo tengo la ventaja de no
tener que mantener una familia; si no, no sé qué iba
a hacer. Porque los ahorros, llega un momento en que
se te acaban", señala Missi, de 24 años, que desde
julio último está sin jugar, ya que quedó libre de
Sport Salto, de Santa Rosa, La Pampa.
En todos los casos coinciden. Anconetani también sabe
que el tiempo que esté inactivo es el que definirá
su futuro.
"Yo cuento con la suerte de que estoy viviendo con
mis viejos y que no tengo la obligación de tener que
mantener una familia como el caso de Gabriel (por
Guzmán). Para que la cabeza no me camine a mil, algo
que es muy difícil, reparto mi tiempo estudiando -está
haciendo el profesorado de educación física-. Pero
de todas maneras te digo que nos entrenamos a muerte
y que es probable que encontrarnos en esta situación
a uno lo lleve a estar mejor físicamente. De todas
maneras, aunque a uno le cueste decirlo, es cierto
que algunas veces uno se pregunte: ¿hasta cuándo?
Se te pasa rápido, pero pensás en dejar", sostiene
Anconetani.
Para estos futbolistas, jugar se convirtió en una
necesidad. En estos tiempos en los que muy pocos se
dan el lujo de elegir dónde jugar, para este grupo
de futbolistas libres ya no importa dónde hacerlo,
sino simplemente hacerlo.
Y para ellos, que deben pasar por situaciones que
no son las ideales para un deportista, el sacrifico
queda de lado cuando de jugar al fútbol se trata.
"Cuando estuve jugando en La Pampa teníamos que actuar
en pleno verano en lugares como el Chaco, donde los
hoteles en los que parábamos no tenían aire acondicionado.
Claro que previamente nos teníamos que bancar entre
21 y 23 horas de viaje en ómnibus. Te podrás imaginar
que jugar después de todo esto te mata", comenta Missi,
que también estuvo en Inter de Tijuana (México) y
Galaxi, de los Estados Unidos.
La historia de Manuel Serrano, de 36 años, es más
conocida. Atajó en cada rincón de nuestro país y en
el exterior; se destacó en Platense y dejó su huella
en Cultural Argentino, de La Pampa, del torneo Argentino,
su último club. "¿Si tengo problemas económicos? No,
si estoy en el mejor momento...", se ríe Serrano,
que no abandona el buen humor.
"Yo sigo jugando porque tengo muchas ganas de entrenarme.
Igual, estoy haciendo el curso de técnico. Acá, con
Barisio y Carrió, me entreno y les doy una mano, porque
soy el más viejo. ¿Qué pasa si no sale un club en
las próximas semanas? Y... me retiro. Aunque, en realidad,
ya lo dije varias veces. ¿No?", se preguntó y reflexionó
el arquero. Estas son algunas de las tantas historias
de jugadores que se quedaron sin trabajo y están en
la espera de un llamado que les dé la posibilidad
de mostrar lo que valen. Duro, pero real: el deporte
que mueve millones no puede gambetear la aguda crisis
que atraviesan los equipos.
Artículo publicado en el Diario La
Nación.
Lunes 8 de enero de 2001.
Por Ariel Ruya y Diego Morini
De la Redacción de La Nación
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